lunes, 21 de diciembre de 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La comedia de la Historia

Los hechos son juguetes con que se distraen los abogados, son peonzas y aros, siempre girando... Por desgracia, el historiador no puede abandonarse a semejante rotación ociosa. La historia no es cronología, eso queda para los abogados; tampoco es recuerdo, pues éste pertenece al pueblo. La historia ni puede aspirar a la veracidad de la cronología ni detentar el poder del recuerdo. A fin de sobrevivir, quienes se dedican a ella, pronto tienen que aprender las artes del correveidile, del espía y del gracioso de taberna, para que siempre pueda haber más de una línea de comunicación que enlace con un pasado en el que a diario corremos el riesgo de perder para siempre a nuestros antepasados: no una cadena de eslabones individuales, pues un único eslabón roto podría perdernos a todos, sino más bien una gran maraña de cuerdas desordenadas, largas y cortas, débiles y recias, que se pierden en la profundidad mnemónica, y que sólo tienen en común su destino.

Reverendo Wicks Cherrycoke, Cristo y la historia

"-¿Cómo? ¡Buscar la verdad y no decirla! Vergonzoso.
-Esto es extraordinario. ¿Cosas que no pueden decirse? ¿No estábamos hartos de eso, por culpa del viejo rey Jorge?
-Precisamente [y aquí habla el reverendo]. Quien proclama la verdad, la pierde. La historia se arrienda, o se constriñe, solamente por unos intereses que siempre resultan ser ruines. Es demasiado inocente para dejarla al alcance de cualquiera que ostente el poder; apenas el poder la toque, el crédito de la historia se desvanecerá al instante, si es que alguna vez lo ha tenido. Más bien necesita que la atiendan amorosa y honorablemente fabuladores y falsificadores, vendedores de baladas y chiflados de todo pelaje, maestros del disfraz que le proporcionen el traje, el tocado y el porte, y un discurso lo bastante ágil para mantenerla alejada de los deseos (o incluso de la curiosidad) del gobierno. De la misma manera que Esopo se vio obligado a contar fábulas,

Así los jacobitas en rimas infantiles se han de expresar,
como a veces los predicadores con parábolas tienen que hablar.

Mason & Dixon
Thomas Pynchon

[He aquí todo un manifiesto a favor de una estética literaria propia. Pues la tremenda ironía de las obras de Pynchon esconde un juego deliberado para primero, rechazar la soberbia desde la que muchos escritores creen plasmar sus titánicas luchas en sus libros demostrando a los lectores que debemos compadecerles y, segundo, para afirmar contundentemente que no hay inteligencia más poderosa que la que trata un tema muy serio con un humor muy fino. La finalidad de todo ello es la de decirnos que en el ser humano, por muy altas que sean las cotas de lo que creamos hablar, la estupidez siempre estará presente].

El nacimiento de America, el nacimiento del Jazz

(...)"Es siempre signo de los tiempos revolucionarios que las tonadillas callejeras se conviertan en himnos y las canciones jaraneras en motetes, tal como temía Platón. ¿Habéis escuchado la música de los negros, las quintas notas bajas, los portamenti vocales? Ahí es donde canta vuestra Revolución. Estos diez últimos años, América no ha sido más que el escenario de una degollina de tal clase y tal otra. Ahora empieza la verdadera inversión del mundo.
-No sé, primo. Pareces poner gran parte de tu fe en esta nueva música...
-¿Dónde mejor? -Inquiere el joven Ethelmer confiadamente-. ¿No es el mismo ruido que el de las máquinas de vapor, el fragor de las fábricas, la oscilación de los océanos, el redoble de los tambores de la noche? En fin, si uno quisiera darle un nombre...
-¡La música de las olas! -Exclama DePugh.
-Percusión -dice Brae, dulce como la miel.
-Muy bien los dos. Sin embargo, de la misma manera que a ti, DePugh, una luna llena no demasiado lejana te hallará discutiendo en los callejones con negros caribeños por el precio de una guitarra modesta con la que tocar esta misma música, así tú, señorita, bailarás a ese son el día de tu boda" (...)

Mason & Dixon
Thomas Pynchon

Aquí, Pynchon, nos habla acerca de la elección de su propio estilo narrativo. Pues si se vive en una época en la que el ruido (el ruido de fondo de Don Delillo) lo envuelve todo, ese envoltorio será también el que se utilice para para adornar las historias de nuestro tiempo.
Esta idea es la que subyace en toda la estética Pynchoneana a la cual James Wood, con muy buen criterio, denominará Realismo Histérico.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Las lecciones del maestro Philip Roth

"-Cojo frases y les doy vueltas. Eso es mi vida. Escribo una frase y le doy una vuelta. Luego la miro y le doy otra vuelta. Luego como algo. Luego vuelvo y escribo otra frase. Luego tomo el té y le doy una vuelta a la nueva frase. Luego vuelvo a leer ambas frases y sigo dándoles vueltas. Luego me echo en el sofá y pienso un poco. Luego me levanto, lo tiro todo a la papelera y empiezo desde el principio. Y si me desentiendo de esa rutina durante más de veinticuatro horas, me pongo frenético de aburrimiento por la sensación de estar desperdiciando el tiempo. Los domingos desayuno tarde y leo los periódicos con Hope. Luego salimos al monte, a dar un paseo, y no se me quita de la cabeza la sensación de estar perdiendo un tiempo precioso. Los domingos, cuando me despierto, la perspectiva de no poder utilizar las próximas horas me sitúa al borde de la locura. Me entra una desazón tremenda, me pongo de mal humor, pero también Hope es humana, comprende usted, y me avengo. Para evitar problemas, me obliga a dejar el reloj en casa. Y me paso el rato mirándome la muñeca -y ahí se acabó todo, si no se ha acabado antes por culpa del humor de perros que llevo. Ella arroja la toalla y nos volvemos a casa. Y, una vez en casa ¿en qué se distingue un domingo de un jueves? Tomo asiento frente a mi pequeña Olivetti y me pongo a mirar las frases y a darles vueltas. Y me pregunto ¿cómo es que para mí no hay ningún otro modo de ocupar las horas?" (...)
"No se me ocurría qué decir. La existencia que acababa de describir me sonaba a paraíso; que no se le ocurriera nada mejor en que ocupar su tiempo que dar vueltas a las frases se me antojaba una bendición, y no sólo para él, sino para la literatura en general"(...)
"-Ni se me pasaría por la cabeza seguir escribiendo después del té, si se me ocurriera algo a que poder dedicar el resto de la tarde"(...)
"-¿Por qué no se toma usted un año sabático?" (...)
"-Ya lo hice. Fue peor. Estuvimos un año en Londres, en un piso alquilado. De modo que tenía el día entero para escribir".

La visita al maestro,
Zuckerman encadenado.
Philip Roth.



"(...) Escribiría más, publicaría más, y la vida adquiriría dimensiones colosales.
Pero lo que en verdad iba a adquirir dimensiones colosales era la página siguiente. Estaba en el convencimiento de haber elegido la vida, pero lo que había elegido era la página siguiente. Robando tiempo para escribir historias, nunca se detuvo a preguntarse qué era lo que el tiempo podía estarle robando a él (...). Creyó haber elegido la intensificación de todo, y lo que en realidad había elegido era la vida monacal y el retiro. (...) Años más tarde, tras haber asistido juntos a una representación de Esperando a Godot, le dijo a quien entonces era su solitaria mujer:
-No veo dónde está la angustia. Es como un día cualquiera en la vida de un escritor. Sólo que sin Pozzo ni Lucky."

............................
"-No, ya he probado todas las trampas exteriores del placer, pero lo que consigo es lo contrario del placer. Echar un polvo, escalar el Everest, escribir libros... Nada te hace suficiente compañía. Norman Mailer presentó su candidatura a la alcaldía de Nueva York. Kakfka anduvo diciendo que se iba a ir de camarero a un café de Tel Aviv. Yo quiero ser médico. (....)
"- (....) Mira, yo estoy hasta las cejas de experiencia, y te aseguro que no compensa tanto como puedas pensar. Te metes tanto en la experiencia, que pierdes la oportunidad de comprender a fondo lo que está ocurriendo. (....)"

La Lección de Anatomía,
Zuckerman encadenado.
Philip Roth.



" Y comprendí todo esto con cierta decepción. Rehuir la sociedad, abstenerme de las distracciones, una separación que yo mismo me imponía de cualquier anhelo profesional, engaño social, veneno cultural e intimidad seductora, una reclusión rigurosa como la que practican los devotos religiosos que se encierran en cuevas o celdas o cabañas aisladas en el bosque requiere un material más inflexible del que yo estoy hecho. Yo había durado a solas nada más que cinco años..., cinco años dedicados a leer y escribir a unos pocos millares de metros en la ladera de la montaña de Madamaska, en una agradable cabaña de dos habitaciones situada entre un pequeño estanque, detrás de la vivienda y, a través de los matorrales al otro lado de la carretera sin pavimentar, un pantano de un par de hectáreas donde cada noche se refugian los patos migratorios procedentes del Canadá y una paciente garza azul se dedica a pescar en solitario durante todo el verano. El secreto de vivir en la rebatiña del mundo con un mínimo de dolor es conseguir que el mayor número de personas posible comparta las ilusiones que te haces; el truco de vivir a solas aquí arriba, lejos de los enredos, alicientes y expectativas agitadoras, aparte, sobre todo, de tu propio ardor, consiste en organizar el silencio, en considerar la cima de esta montaña como un capital y el silencio como una riqueza que aumenta de un modo exponencial. El silencio que te rodea como la fuente de ventajas que has elegido y lo único con lo que tienes intimidad. El truco consiste en hallar sustento en las comunicaciones de una mente solitaria consigo misma. El secreto consiste en encontrar sustento en personas como Hawthorne, en la sabiduría de los brillantes difuntos. [La frase en cursiva es del mismo Hawthorne]

La mancha humana
.
Philip Roth.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Empezar

Me enfrento por primera vez a eso que algunos llaman la página en blanco, otros la exploración del abismo, y otros pocos la búsqueda de una verdad construída a partir de un blanco oscuro, muy oscuro, tanto como la soledad o el vacío. Me enfrento, por primera vez, a la grandeza o al fracaso, a la inmortalidad o a la eterna derrota, al sentido o a la aterradora inercia destructiva de una existencia autómata. Podría decir que me gustaría, a estas alturas, dilucidar cuál de los dos caminos los tristes hados dejados de la mano de dios me han deparado, si el A o el B, si el de la derecha o el de la izquierda, si el de arriba o el de abajo. Podría desear conocer el fin para el cual he comenzado a poner algunos medios, podría inquirir al oráculo qué destino me espera allá a lo lejos (pero no tanto) y podría, de acuerdo a estos tiempos, fijar algunas hipótesis tomando los datos de mi talento como parámetros más o menos autorizados. Podría tantear el terreno con miedo, o sentar la cabeza en la comodidad del sillón burgués, o deshacerme de ideas que siempre nos han dicho que no íbamos a lograr hacer realidad. Hacer caso a todas las Delphine Roux que me han instruído, permanecer entre la duda y la fugaz euforia de cafetera para dejar paso a aquello que conocieron Eurídice o la esposa de Lot. Secar mi savia venenosa para no vender más mierda al mundo de esta cultura que ya empieza a oler mal. Vacíar, tirar por el fregadero lo poco que tengo en mi tintero para no manchar más lo que otros con la siempre constante vanidad creen limpiar. Sé que podría hacerlo y esta es mi lucha, sé que no soy tenaz porque el mundo ya se ha encargado de repetírmelo hasta la saciedad. Incluso la música, esa conocida música de las esferas que escucho concentrado sin pensar en nada más, hace llegar a mis oídos esta cantinela tan reconfortante para otros, negada para mí sin piedad. Qué le vamos a hacer, empiezo este periplo con cierta desventaja, ya lo véis, empiezo con mal pie, pero vamos al hecho y es que empiezo.