Reverendo Wicks Cherrycoke, Cristo y la historia
"-¿Cómo? ¡Buscar la verdad y no decirla! Vergonzoso.
-Esto es extraordinario. ¿Cosas que no pueden decirse? ¿No estábamos hartos de eso, por culpa del viejo rey Jorge?
-Precisamente [y aquí habla el reverendo]. Quien proclama la verdad, la pierde. La historia se arrienda, o se constriñe, solamente por unos intereses que siempre resultan ser ruines. Es demasiado inocente para dejarla al alcance de cualquiera que ostente el poder; apenas el poder la toque, el crédito de la historia se desvanecerá al instante, si es que alguna vez lo ha tenido. Más bien necesita que la atiendan amorosa y honorablemente fabuladores y falsificadores, vendedores de baladas y chiflados de todo pelaje, maestros del disfraz que le proporcionen el traje, el tocado y el porte, y un discurso lo bastante ágil para mantenerla alejada de los deseos (o incluso de la curiosidad) del gobierno. De la misma manera que Esopo se vio obligado a contar fábulas,
Así los jacobitas en rimas infantiles se han de expresar,
como a veces los predicadores con parábolas tienen que hablar.
Mason & Dixon
Thomas Pynchon
[He aquí todo un manifiesto a favor de una estética literaria propia. Pues la tremenda ironía de las obras de Pynchon esconde un juego deliberado para primero, rechazar la soberbia desde la que muchos escritores creen plasmar sus titánicas luchas en sus libros demostrando a los lectores que debemos compadecerles y, segundo, para afirmar contundentemente que no hay inteligencia más poderosa que la que trata un tema muy serio con un humor muy fino. La finalidad de todo ello es la de decirnos que en el ser humano, por muy altas que sean las cotas de lo que creamos hablar, la estupidez siempre estará presente].

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