(...)"Es siempre signo de los tiempos revolucionarios que las tonadillas callejeras se conviertan en himnos y las canciones jaraneras en motetes, tal como temía Platón. ¿Habéis escuchado la música de los negros, las quintas notas bajas, los portamenti vocales? Ahí es donde canta vuestra Revolución. Estos diez últimos años, América no ha sido más que el escenario de una degollina de tal clase y tal otra. Ahora empieza la verdadera inversión del mundo.
-No sé, primo. Pareces poner gran parte de tu fe en esta nueva música...
-¿Dónde mejor? -Inquiere el joven Ethelmer confiadamente-. ¿No es el mismo ruido que el de las máquinas de vapor, el fragor de las fábricas, la oscilación de los océanos, el redoble de los tambores de la noche? En fin, si uno quisiera darle un nombre...
-¡La música de las olas! -Exclama DePugh.
-Percusión -dice Brae, dulce como la miel.
-Muy bien los dos. Sin embargo, de la misma manera que a ti, DePugh, una luna llena no demasiado lejana te hallará discutiendo en los callejones con negros caribeños por el precio de una guitarra modesta con la que tocar esta misma música, así tú, señorita, bailarás a ese son el día de tu boda" (...)
Mason & Dixon
Thomas Pynchon
Aquí, Pynchon, nos habla acerca de la elección de su propio estilo narrativo. Pues si se vive en una época en la que el ruido (el ruido de fondo de Don Delillo) lo envuelve todo, ese envoltorio será también el que se utilice para para adornar las historias de nuestro tiempo.
Esta idea es la que subyace en toda la estética Pynchoneana a la cual James Wood, con muy buen criterio, denominará Realismo Histérico.
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