"-Cojo frases y les doy vueltas. Eso es mi vida. Escribo una frase y le doy una vuelta. Luego la miro y le doy otra vuelta. Luego como algo. Luego vuelvo y escribo otra frase. Luego tomo el té y le doy una vuelta a la nueva frase. Luego vuelvo a leer ambas frases y sigo dándoles vueltas. Luego me echo en el sofá y pienso un poco. Luego me levanto, lo tiro todo a la papelera y empiezo desde el principio. Y si me desentiendo de esa rutina durante más de veinticuatro horas, me pongo frenético de aburrimiento por la sensación de estar desperdiciando el tiempo. Los domingos desayuno tarde y leo los periódicos con Hope. Luego salimos al monte, a dar un paseo, y no se me quita de la cabeza la sensación de estar perdiendo un tiempo precioso. Los domingos, cuando me despierto, la perspectiva de no poder utilizar las próximas horas me sitúa al borde de la locura. Me entra una desazón tremenda, me pongo de mal humor, pero también Hope es humana, comprende usted, y me avengo. Para evitar problemas, me obliga a dejar el reloj en casa. Y me paso el rato mirándome la muñeca -y ahí se acabó todo, si no se ha acabado antes por culpa del humor de perros que llevo. Ella arroja la toalla y nos volvemos a casa. Y, una vez en casa ¿en qué se distingue un domingo de un jueves? Tomo asiento frente a mi pequeña Olivetti y me pongo a mirar las frases y a darles vueltas. Y me pregunto ¿cómo es que para mí no hay ningún otro modo de ocupar las horas?" (...)
"No se me ocurría qué decir. La existencia que acababa de describir me sonaba a paraíso; que no se le ocurriera nada mejor en que ocupar su tiempo que dar vueltas a las frases se me antojaba una bendición, y no sólo para él, sino para la literatura en general"(...)
"-Ni se me pasaría por la cabeza seguir escribiendo después del té, si se me ocurriera algo a que poder dedicar el resto de la tarde"(...)
"-¿Por qué no se toma usted un año sabático?" (...)
"-Ya lo hice. Fue peor. Estuvimos un año en Londres, en un piso alquilado. De modo que tenía el día entero para escribir".
La visita al maestro,
Zuckerman encadenado.
Philip Roth.
"(...) Escribiría más, publicaría más, y la vida adquiriría dimensiones colosales.
Pero lo que en verdad iba a adquirir dimensiones colosales era la página siguiente. Estaba en el convencimiento de haber elegido la vida, pero lo que había elegido era la página siguiente. Robando tiempo para escribir historias, nunca se detuvo a preguntarse qué era lo que el tiempo podía estarle robando a él (...). Creyó haber elegido la intensificación de todo, y lo que en realidad había elegido era la vida monacal y el retiro. (...) Años más tarde, tras haber asistido juntos a una representación de Esperando a Godot, le dijo a quien entonces era su solitaria mujer:
-No veo dónde está la angustia. Es como un día cualquiera en la vida de un escritor. Sólo que sin Pozzo ni Lucky."
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"-No, ya he probado todas las trampas exteriores del placer, pero lo que consigo es lo contrario del placer. Echar un polvo, escalar el Everest, escribir libros... Nada te hace suficiente compañía. Norman Mailer presentó su candidatura a la alcaldía de Nueva York. Kakfka anduvo diciendo que se iba a ir de camarero a un café de Tel Aviv. Yo quiero ser médico. (....)
"- (....) Mira, yo estoy hasta las cejas de experiencia, y te aseguro que no compensa tanto como puedas pensar. Te metes tanto en la experiencia, que pierdes la oportunidad de comprender a fondo lo que está ocurriendo. (....)"
La Lección de Anatomía,
Zuckerman encadenado.
Philip Roth.
" Y comprendí todo esto con cierta decepción. Rehuir la sociedad, abstenerme de las distracciones, una separación que yo mismo me imponía de cualquier anhelo profesional, engaño social, veneno cultural e intimidad seductora, una reclusión rigurosa como la que practican los devotos religiosos que se encierran en cuevas o celdas o cabañas aisladas en el bosque requiere un material más inflexible del que yo estoy hecho. Yo había durado a solas nada más que cinco años..., cinco años dedicados a leer y escribir a unos pocos millares de metros en la ladera de la montaña de Madamaska, en una agradable cabaña de dos habitaciones situada entre un pequeño estanque, detrás de la vivienda y, a través de los matorrales al otro lado de la carretera sin pavimentar, un pantano de un par de hectáreas donde cada noche se refugian los patos migratorios procedentes del Canadá y una paciente garza azul se dedica a pescar en solitario durante todo el verano. El secreto de vivir en la rebatiña del mundo con un mínimo de dolor es conseguir que el mayor número de personas posible comparta las ilusiones que te haces; el truco de vivir a solas aquí arriba, lejos de los enredos, alicientes y expectativas agitadoras, aparte, sobre todo, de tu propio ardor, consiste en organizar el silencio, en considerar la cima de esta montaña como un capital y el silencio como una riqueza que aumenta de un modo exponencial. El silencio que te rodea como la fuente de ventajas que has elegido y lo único con lo que tienes intimidad. El truco consiste en hallar sustento en las comunicaciones de una mente solitaria consigo misma. El secreto consiste en encontrar sustento en personas como Hawthorne, en la sabiduría de los brillantes difuntos. [La frase en cursiva es del mismo Hawthorne]
La mancha humana.
Philip Roth.